Cómo deshacerse del bajo valor y cómo pagar por el alto valor en el sistema de salud

Por Gustavo Morales

Bogotá, octubre 23 de 2018.- El extraordinario Foro Farmacéutico que organizó la semana pasada Ana María Vesga, Directora de la Cámara Farmacéutica de la ANDI, dejó muchas reflexiones para todos los líderes del sector salud en Colombia, y muy especialmente para los nuevos diseñadores de política del Gobierno Duque.

Con el apoyo de Afidro, tuvo lugar en el marco del Foro una sesión especial sobre la forma en que es posible llegar a la sostenibilidad del sistema de salud a través de la innovación. Lo interesante de ese debate es que los dos conferencistas internacionales invitados abordaron el problema desde flancos opuestos.

La doctora Sarah Thomas, Directora Global del Centro para Soluciones en Salud de Deloitte, compartió con los asistentes al Foro las conclusiones de los más recientes estudios sobre las tecnologías innovadoras que podrían ayudar de manera más eficaz, en los próximos diez años, a conseguir la célebre triple meta (mejorar la experiencia, mejorar la salud de la población y reducir costos per cápita). Es decir, las tecnologías que podrían, a la manera de Mies van der Rohe, alcanzar más con menos en el sistema de salud. Entre ellas cabe mencionar la realidad virtual, las redes sociales aplicadas al bienestar del paciente, la inmunoterapia y la inteligencia artificial.

Si bien el concepto de “valor” de un servicio de salud varía, según si se mira desde la perspectiva del prestador, del paciente o del sistema como un todo, la doctora Thomas hizo énfasis en la importancia de que se eliminen los servicios, terapias y procedimientos de bajo valor, y presentó las mejores experiencias internacionales al respecto (Suecia y Corea del Sur parecen liderar este esfuerzo). El consenso entre los expertos sobre cómo reducir los servicios de salud de bajo valor es que la tarea pasa por cuatro estrategias simultáneas:

- Ofrecer la atención adecuada, es decir, eliminar los servicios que no benefician al paciente o lo benefician muy poco.

- Ofrecer servicios en el contexto adecuado, esto es, eliminar el uso injustificado de los servicios de urgencias.

- Ofrecer el servicio de manera segura, lo que significa hacerle seguimiento a las fallas de seguridad; y

- Ofrecer el servicio de forma adecuada, lo que quiere decir que deben eliminarse las ineficiencias operacionales.

El auge de la robótica, de las tabletas, de las aplicaciones móviles y la expansión de las historias clínicas electrónicas son ejemplos todos de tecnologías que recorren de manera eficaz esas cuatro avenidas para reducir los servicios de bajo valor.

Mientras la doctora Thomas se concentró en cómo eliminar “lo que sobra” del sistema de salud, el otro invitado a la discusión abordó la pregunta contraria: ¿Cómo incorporar las mejores tecnologías, las que sí sirven, sin arruinar el sistema? El doctor David Bardey, investigador asociado de la Facultad de Economía de Toulouse, explicó el desafío que la medicina personalizada o de precisión le plantea a sistemas basados en aseguramiento como el colombiano. Este tipo de medicina, que usa la información de genes, proteínas y ambiente de una persona particular para prevenir, diagnosticar y tratar una enfermedad, ha demostrado en años recientes su eficacia en el tratamiento, por ejemplo, de ciertos tipos de cáncer, gracias a los avances de la ciencia molecular, impensables hace un tiempo.

Sin embargo, un sistema como el colombiano, que se basa en grandes números para administrar el riesgo, parece en principio incompatible o al menos no adecuadamente preparado para incorporar estos avances. El profesor Bardey detecta al menos tres áreas en las que habrá que repensar nuestra regulación:

- La propiedad intelectual: las patentes protegen los productos innovadores, pero al tiempo podrían bloquear el desarrollo de nuevas pruebas genéticas, necesarias para generalizar el uso de la medicina personalizada. Teniendo en cuenta que en este tipo de procedimiento cada inyección es distinta para cada paciente, ¿Qué es exactamente lo que se patenta, el producto o el procedimiento?

- La confidencialidad de los datos: este tipo de tratamiento funciona con base en una agregación prácticamente global de datos personales. Pero, ¿Cómo puede la gente dar su consentimiento para investigaciones que aún no se conocen?

- El aseguramiento: con base en la poderosa información que subyace a la medicina personalizada, el riesgo de discriminación por parte de las aseguradora es muy fuerte; pero, por otro lado, si se les restringe el acceso a ella, puede ocurrir un fenómeno igualmente negativo de selección adversa.

Este es, por supuesto, un breve e incompleto resumen de lo que se discutió en este apasionante segmento. Algunos miembros del público decían al final que el Dr. Bardey quizá se equivocó de evento y de país, porque esas tecnologías jamás van a llegar a Colombia. Se equivocan: Eso mismo decían de los celulares, los drones, los robots de cirugía y la laparoscopia. Todo llega. El desafío es como hacer para que el sistema de salud las logre incorporar con orden y en beneficio de todos, de una manera sostenible.

 Pero lo que es claro es que los dos conferencistas, cada uno desde su perspectiva opuesta, llegan a la misma conclusión general: la idea de que podemos encontrar una forma audaz e innovadora de hacer exactamente lo mismo que hemos venido haciendo en los últimos 25 años es una tontería. Las nuevas tecnologías nos permitirán eliminar las prestaciones de bajo valor, y potenciar el alto valor de los servicios más complejos. Pero solo será posible deshacerse de lo uno y acoger lo otro, si repensamos desde la base algunos postulados básicos de nuestro sistema.